Cómo un club de robótica de Silicon Valley entrena a la próxima generación de ingenieros

Es una hermosa tarde en Mountain View, California y la Civic Center Plaza se ha convertido en una exhibición tecnológica llena de creaciones que hasta hace solo una década atrás hubieran parecido fantásticas. Las patinetas eléctricas con niños con cascos se deslizan por la plaza, mientras que un robot repartidor personal pasea sin problemas en medio de la multitud. Incluso la pizza que se vende fue hecha por robots. 

Pero la mayor atracción está situada cerca del lado este de la plaza donde un robot a la altura de la rodilla construido por Spartan Robotics, un club de la escuela secundria Mountain View High School, con sus engranajes y cables arremolinados, lanza un montón de pelotas Wiffle amarillas en un círculo improvisado. El grupo compite todos los años en la Competencia de Robótica FIRST, un torneo internacional para estudiantes de secundaria que se fundó en 1989 con el objetivo de inspirar a los jóvenes a que se conviertan en líderes en ciencia y tecnología. Para este proyecto, el equipo de Spartan tuvo seis semanas para construir un robot que pudiera lanzar pelotas a una columna alta, recoger engranajes redondos y escalar una soga.

Más de 1000 personas visitan la exhibición tecnológica de un día que se inició hace tres años como una manera de que las empresas de Mountain View destaquen sus últimas creaciones. También le ofrece la oportunidad a Spartan Robotics de hacer una demostración en vivo de su robot al público y de buscar la próxima generación de ingenieros.

El robot Fyn, como lo llamaron sus creadores, de repente lanza un montón de bolsas de plástico, lo que hace que un grupo de niños griten de alegría.

“Es maravilloso ver a los niños emocionados con lo que hacemos”, cuenta Ginger Schmidt, uno de los capitanes del equipo que irá al Harvey Mudd College en el segundo trimestre del año. “Queremos que sepan que esto es algo que también pueden hacer”.

El club comenzó en el 2002 con solo un grupo de niños. En ese momento, les dieron permiso para utilizar un sector de un aula, siempre y cuando limpiaran al final del día. Ahora tienen su propia habitación y equipos especializados, y crecieron hasta convertirse en uno de los programas de robótica más selectos del mundo.

Ocupan el segundo lugar en el Área de la Bahía de San Francisco, superados solamente por una escuela preparatoria en San José, que ganó numerosos campeonatos mundiales. A principios de este año, los Spartans ganaron la División Regional de San Francisco y en abril compitieron en el campeonato mundial en Houston, donde llegaron hasta la fase final de la subdivisión. 

El club recibe a los nuevos con entusiasmo, sin importar la capacidad o la experiencia previa. “A los niños que se unen al equipo les decimos que no necesitan saber cómo hacer esto”, cuenta Schuh. “Puede ser un poco intimidante, pero van a aprender cosas”.

Muchos alumnos toman lo que aprenden y no se detienen; los graduados de años anteriores están diseñando software para mejorar la seguridad de los vehículos, construyendo robots para detectar el cáncer de pulmón incipiente y desarrollando tecnología de drones para el proyecto secreto “X” de Google.

Esa misma noche, treinta miembros de Spartan Robotics se amontonan en un aula para la reunión semanal. Es temporada baja, por lo que principalmente les dan la bienvenida a los miembros nuevos y juegan; uno de los temas del programa es “desarmar cosas”. 

Cuando el club comenzó, no había muchas niñas interesadas en unirse, pero bajo el liderazgo de Schuh, las cosas cambiaron radicalmente. En el 2016, las tres capitanas eran niñas, y en el 2017, dos de tres eran mujeres. El próximo año, el equipo va a cambiar a un modelo de un solo capitán; y será una mujer. “Les decimos a las niñas que pueden hacer lo que quieran”, dice Schuh, sonriendo de oreja a oreja.

En un aula cercana, los programadores revisan la codificación, mirando con atención sus ThinkPads. Aquí es donde sucede la mayor parte del trabajo entre bastidores, mientras los alumnos escriben software para esquematizar los controladores de los motores del robot. En otra habitación, los alumnos utilizan SolidWorks, un programa de diseño asistido por computadora (CAD).

Para construir el robot Fyn, el club diseñó más de 200 piezas a medida lo que les dio prestigio por hacer algunos de los robots más complicados de la competición. En este momento, están diseñando una incidencia en CAD, que será parte de un sistema motriz nuevo que le pueda dar más agilidad a los robots. 

El nuevo director, James Doherty, ha sido el responsable de diseñar muchos de los ejes y espaciadores de precisión del robot con su ThinkPad. “Ya había trabajado con el software CAD”, dice, “pero nunca con este nivel de detalle”. La velocidad de procesamiento y la memoria de la ThinkPad le permitieron compaginar diseños múltiples y realizar cambios rápidamente. “Es una herramienta potente y portátil, con la versatilidad y la capacidad de actualizar los componentes”, cuenta. “Puedes construir un robot sin tener que tocar una herramienta”.

Ksennia Stiagan de catorce años maneja el router CNC del equipo, una máquina de corte controlada por computadora.  “Ahora, nosotros mismos podemos cortar madera, metal y plástico”, dice. Antes de unirse a Spartan Robotics, la alumna no tenía idea de lo que era una llave Allen. Ahora ella es la persona que ejecuta esta herramienta complicada.

Durante la temporada de cuatro meses, los alumnos dedican más de 30 horas a la semana, incluidas las sesiones de los sábados desde el mediodía hasta medianoche. Ksennia sonríe cuando le preguntan por los turnos largos. Para ella, el “trabajo” de diseñar y construir un robot se siente más como un juego.

Ella aprendió mucho en solo un año: cómo manejar un torno, cómo diseñar las piezas de las máquinas en la ThinkPad y cómo trabajar de manera colaborativa. También descubrió lo que quiere ser cuando sea grande: una ingeniera mecánica. “Los robots me ayudaron a saber eso”, cuenta.

“Es tan alentador ver a todos trabajando juntos y aprendiendo juntos”, dice Wyn. “No hay nada que no puedan lograr”.

Rahil Arora lidera el programa de Historias de Clientes de Lenovo.